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Morir como un hombre[1]

Por Elsa Maluenda
(Psicoanalista, miembro de la EOL – AMP)

¿Cómo muere un hombre? El inicio de la película[2] parece insinuar que muere en la guerra, porque vemos en la  primera secuencia a un soldado pintándose la cara. Después nos enteramos  de que está camuflándose para  unas maniobras militares en medio de un bosque. Sin embargo, el único tiro que dispara el soldado será para matar a un compañero con el que mantuvo relaciones sexuales, amparado por la oscuridad y la vegetación. El compañero había hecho un comentario despectivo acerca de su padre, un travesti que se hace llamar Tonia.

Tonia no solo se traviste para actuar en un show noche tras noche, sino que vive travestida, eligió “vivir como una mujer” y nunca abandona los atuendos femeninos, el maquillaje, ni la peluca rubia. Vive con un joven vestuarista y adicto a la heroína, Rosario, con quien tiene un lazo más maternal que de amantes. 

Tonia en su transformación corporal sólo consintió a implantarse siliconas, no quiere operarse los genitales, aunque Rosario la acuse de “vieja cobarde” y de “hombre con tetas”, tal vez por-que el lugar que ocupa sea el de madre fálica. O quizás porque su goce está amarrado a su pene, como nos muestra la escena en que concurre a un cine porno, después de una de las peleas  con Rosario, vestido con ropas masculinas, sin maquillaje y sin peluca para hacerse masturbar por otro hombre.

Otra escena donde se manifiesta la posición de Tonia con respecto a los límites que no traspasará es cuando acompaña a su amiga Irene, también travesti,  al médico para saber   cómo es la intervención de cambio de sexo. El cirujano se sirve de una hoja de papel, al que pliega y despliega para explicar como un pene se transforma  en vagina, como el glande se convierte en clítoris.  En palabras de Tonia: “habló de cambio de sexo como si fuera fileteado de  carne”. Podríamos aventurar que es el médico quien está convencido de que puede modificar lo real del cuerpo para modificar un error  de la naturaleza, lo que no sabe el médico y parece saber Tonia es que no hay certezas con respecto a la posición sexuada.

Su elección no necesita de la anatomía para reafirmarse, como si intuyera que la anatomía no es el destino, tal como enseñó Lacan, contradiciendo a Freud.

Nadie nace hombre o mujer, no alcanza con la nominación “eres un hombre” o “eres una mujer” para que alguien se identifique como tal, para que coincida el cuerpo biológico con el cuerpo sexuado, ese cuerpo que habitamos, ese cuerpo marcado por los deseos y las fantasías. “¿Qué ropa usas en tu fantasía? ¿Qué te libera de tu vida vacía?”, canta, más bien se pregunta Tonia al promediar la película, poco antes de un encuentro decisivo. De viaje con Rosario, se pierden en el camino a la casa del hermano de este y llegan a la casa de María y Laura, dos travestis que viven aisladas del mundo. María que se presenta como una artista retirada la confronta a Tonia con su futuro, un futuro que viene avizorando en el cabaret donde actúa. El paso del tiempo en su piel y en su cuerpo es notorio ante otras compañeras del show que codician su lugar y Tonia sabe que su retiro se aproxima. Por otra parte algo en uno de los implantes no está bien, siente dolor y uno de sus pezones supura mostrándole el fracaso de la intervención quirúrgica.

María le dice que tiene que dejar de ser travesti para ser una mujer, que así como convenció a otros, ahora tiene que convencerse a sí misma, pero lejos de esto, Tonia comprende que es hora de despertar de su sueño. Esto nos lo anuncia también una canción que es escuchada por todos menos Tonia, en una escena de tintes fantásticos en el medio del bosque donde fueron a cazar duendes.

Finalmente debe ser internada debido a la infección producto de los implantes, estos le son extirpados pero ya es demasiado tarde. Allí despierta del sueño de haber “buscado la mujer que no pudo ser” y concluye: “he vivido como una mujer, quiero morir como un hombre” y le pide a su hijo que consiga un traje masculino para vestir en su entierro. Y así es enterrado, como Antonio, despojado de todos sus postizos, junto a Rosario que se suicidó inyectándose heroína.

El plano secuencia final arranca con Tonia travestida, de pie encima de una hilera de nichos, separada del cuerpo de Antonio que yace en la tumba, desde allí arriba canta su despedida: “Como me gustaría vivir en plural; este singular es peor que malo, engañando al espejo con retratos de mí, no tengo certezas, yo no soy así”.

¿Cómo muere un hombre, entonces? En singular y sin certezas, pero con el anhelo de inscribir ese singular en lo plural.

 

[1] Texto publicado gracias a la amable autorización de la autora. El mismo forma parte del libro Transformaciones: ley, diversidad, sexuación. compilado por Mónica Torres y otros. Grama, 2013, pp. 381-385.
[2] Morir como un hombre, Lisboa, 2009. Director: Joáo Pedro Rodrigues.