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Un elogio de lo femenino

 Por Claudia Núñez
(Psicoanalista, asociada a la EOL Sección La Plata)

          Acerca de las fórmulas de la sexuación de Lacan

Hay en uno cosas que no encuentran palabras, se sueñan, se sienten, se  cantan, se gritan. O se padecen. A esa trama inquieta, opaca a la conciencia, el psicoanálisis intenta con la lógica de la sexuación, un saber que agita y perturba la sexualidad en la medida que sus dificultades y sus fracasos pueden ser tratados por el mismo.        Hay fórmulas, una escritura al modo de la ciencia, y unas letras cuyo único sentido es ofrecerle a la práctica analítica el fundamento lógico que necesita, ya que su discurso es algo único; no es mística, ni ciencia, ni arte de interpretar, ni  enteramente matematizable.

La primera fórmula, donde la negación recae sobre Φ. No hay nada que se pueda encontrar en el lenguaje común. Por eso nos inquietamos si algo parece  salido de la nada. Nada se niega en la fórmula que sigue, debajo, del mismo lado izquierdo. Nos incluye a todos en los ratos en los que obedecemos a las razones del pensamiento, sujeto a lógica, ley, medida, razón, concepto.

En cambio, del lado derecho, lado femenino, pasa otra cosa. No hay nadie que no (doble negación), nadie que no esté metido en el baño del lenguaje. Cualquiera puede imaginar, afirmar, negar, argumentar, en fin, delirar lo que se le ocurra, sin que se le pidan pruebas ni verificación ni demostración.

Aún tenemos la última fórmula, lado derecho, lado femenino, donde se niega el (todos).  Aquí no hay todo ni todos, sino uno por uno; hay fenómenos silenciosos, sin representación posible, por mucho que el arte y la literatura se les aproximen. No hay ciencia de lo contingente e indecible, que estremece los cuerpos sin lugar a suposición ni duda. Lacan le abre ese espacio a la experiencia analítica.

Lacan, psicoanalista, reconocía que inscribir la sexualidad con una función matemática exige doblar el esfuerzo. ¿Por qué lo hizo? Porque la lógica clásica, la que usamos todos los días, no pasa de la especie hombre y del género masculino y femenino. Actualmente,  hay teorías que insisten en asuntos de género. Se ve en el flagelo de la violencia con las mujeres, pero el caso, es que no orientan a unos y a otros respecto de las dificultades que tienen para relacionarse. Tal vez  discuten por extremar posiciones, como si “lado hombre, lado mujer” fueran dos lógicas enfrentadas.

Para el psicoanálisis, en los lazos entre los sexos interviene una trama inconsciente en la que, en cada uno, hombre o mujer, se juegan, se mezclan, o se atascan de algún modo las dos variantes lógicas. Un psicoanálisis permite rectificar algo en ese padecer, consecuencia de que, en términos de pura lógica, no hay relación proporción sexual.

Hablemos un poco del goce, eso que a uno le pasa por el cuerpo.

Hay el goce del cuerpo desde que se entró al mundo. Afectados por  algo “del orden” del lenguaje, un bullir en el cuerpo de esa lengua materna primera, que afectó, acarició o tal vez golpeó, asfixió, rechazó un cuerpo inerme. Para bien o para mal, ese goce de lalengua que estremece al cuerpo no cesará de palpitar en el lenguaje, estará entre uno y su mundo, entre uno y su sexuación que se produce en la aventura de una serie de impredecibles encuentros.

Ese nudo que somos, sin saber, condujo a la posición sexuada según la variante lógica que la determina. La diferencia anatómica, la presencia o no del órgano fálico, queda tomada en un goce que nada ni nadie podrían prescribir ni proscribir.

Lacan presenta su cuadro de la sexuación diciendo, “todo ser que habla se inscribe de uno u otro lado”. ¿No habíamos dicho que del lado izquierdo estamos todos los seres hablantes? En este punto a Lacan le hizo falta escribir la parte inferior, para pasar a algo más próximo a la práctica analítica.

Se ha llamado a-muro a la discordia de las variantes lógicas diferentes, al muro que puede constituir el nudo que a cada uno lo determina. Ahí puede brotar el amor, lazo que suple la falla de la relación sexual; pero no es cualquiera el amor que suple.

Hoy, ni eso, en las ciudades la ley y la norma se diluyen, el mercado subraya los imperativos de consumo, las identificaciones se desvanecen, el amor se degrada empujado por un capitalismo salvaje. Sin embargo el psicoanálisis se reinventa una vez más, como envés de la época, y renueva su apuesta a través de un “artificio” del amor, elogio de lo femenino.

 

Referencias bibliográficas

  • González Taboas, Carmen. Un Amor menos tonto, una lectura del Seminario XXI, p. 341
  • Lacan, J., El Seminario, libro 20, Aun, Ed Paidós, Bs. As.